Etimología

Existen varias teorías concernientes a la etimología del topónimo «Andes».
El más probable origen de la voz «Andes» podría ser el término quechua anti con el significado de cresta elevada. Algunos suponen que deriva de otra palabra también quechua: Antisuyo, uno de los cuatro suyos o regiones del Imperio inca; sin embargo, es más probable que el nombre de ese suyo haya provenido de la cordillera en cuestión.
Mucho más dudosa es la etimología española procedente de la palabra andén, aunque sí es probable que los españoles modificaran la palabra quechua anti al notar que eran frecuentes en las laderas de esta cordillera los cultivos mediante terrazas o andenes. Es de notar que los quechuas del Tahuantinsuyo solían denominar «Anti» a los sistemas montañosos más orientales que señalaban aproximadamente los límites de ese imperio. Por este motivo, algunas elevadas sierras Pampeanas, como la del Aconquija, eran incluidas en los «Anti» aunque pertenecieran a sistemas orográficos independientes.
Los Andes son el resultado del movimiento de las placas tectónicas, el que ocurre desde el período Mesozoico. Los Andes se han levantado por la subducción de placas océanicas por debajo de la placa Sudamericana. Las placas que actualmente son subducidas son la de Cocos, Nazca y la Antártica. Antes de formarse los Andes el margen occidental de Sudamérica ya había sido el lugar de varias orogenias.
Algunos sectores de los Andes presentan actividad volcánica como resultado de la fusión parcial de la cuña del manto que suele ocurrir en zonas de subducción. El vulcanismo en los Andes se distribuye en la actualidad principalmente en cuatro sectores:
• Zona volcánica norte (Colombia y Ecuador),
• Zona volcánica central (Argentina, Bolivia, Chile y Perú),
• Zona volcánica sur (Argentina y Chile) y
• Zona volcánica austral (Argentina y Chile).
La falta de vulcanismo entre las tres zonas volcánicas del norte y en Venezuela se piensa que se debe a una subducción de ángulo bajo en esos lugares.
En los Andes peruanos y patagónicos, gran parte de los macizos corresponden a batolitos de tonalita, granito y granodiorita que corresponden a antiguas cámaras magmáticas que han sido dejadas al descubierto por una combiación de alzamiento tectónico y erosión. Las batolitos más grandes son el Batolito Costero Peruano, el Batolito Nor-Patagónico y el Batolito Sur-Patagónico.
Véase también: Cinturón Volcánico de los Andes.
La clasificación de las diversas zonas de la cordillera andina ha sido cambiante a lo largo del tiempo, predominando, durante un largo periodo, una nomenclatura asociada a las divisiones político-administrativas. Aún se suele hablar de Andes venezolanos, colombianos, ecuatorianos, etcétera. En 1973, el geólogo Augusto Gansser4 propuso una división basada en la observación científica de las características morfológicas de la cordillera:
• Andes septentrionales: Al norte del golfo de Guayaquil (4ºS), Ecuador (abarcando los Andes venezolanos, colombianos y ecuatorianos).
• Andes centrales: Entre el golfo de Guayaquil y el golfo de Penas (46º30´S), Chile (abarcando los Andes peruanos, bolivianos, y argentino-chilenos).
• Andes australes: Al sur del golfo de Penas (abarcando los Andes patagónicos y Andes fueguinos, estos últimos en la isla Grande de Tierra del Fuego).
Tanto los Andes septentrionales como los australes son llamados también Andes de tipo colisional, por haberse formado por la abducción de la corteza oceánica. Los Andes centrales corresponden a los llamados Andes de tipo andino, desarrollados por la subducción de la corteza marina.